dominiosjosecarlos [-_-]TENEBRO[-_-]
Título de la nueva página

pentagrama

Introduzca el contenido del subtítulo aquí

HOME

Hablemos de satanismo
Título de la nueva página
biblia satanica
Calendario satanico
lucifer
Título de la nueva página
Título de la nueva página
Título de la nueva página
* VOLVER *

Este es el relato de alguien que trató de ser cristiano

"El único cristiano verdadero fue crucificado hace 2000 años"

Empezaré por situar a mis lectores en el tiempo y el espacio.

Estudiaba en el colegio Markham. No es un colegio católico, sino laico. Aún así, desde sexto de primaria ya estábamos siendo reclutados por los profes de religión, quienes eran parte de un grupo católico que muchos conocen, el odalitium Christianae Vitae, el centro ideológico y estratégico del famoso y bien visto Movimiento de Vida Cristiana (MCV). Ellos son los dueños, entre otras empresas, de la parroquia de moda, ésa en la que todos los narices alzadas se casan, "Nuestra Señora de la Reconciliación", en Camacho. En esa época no tenían muy buena fama, pasaron unos años más y la bronca de los padres de familia del Markham fue
tan fuerte que tuvieron que quitarse del colegio con roche. Bueno, la estrategia de estos patines es hacerse recontra patas de los que quieren jalar para su bando. Resulta que los curas y sus aprendices eran adiestrados para que nosotros, lo inocentes adolescentes, los tomáramos como modelos y que incluso se volvieran más importantes que nuestros viejos.
A medida que pasaba el tiempo, nos hacían sentir que nos entendían mejor que nuestros propios viejos, que sabían que nuestros papis eran unos materialistas del carajo a los que
no les iba a cuadrar nunca que sus hijitos fuéramos católicos comprometidos. Eran tan radicales que siempre nos ponían en una situación en la que teníamos que elegir entre
nuestra familia y ellos. Nos hacían sentir unas mierdas, unos traidores y unas niñitas engreídas si es que optábamos por hacer caso a nuestros padres. Los sodálites (así se hacen llamar los del Sodalitium) nos ponían constantemente entre la espada y la pared y nos
perseguían para revelarnos los últimos trucos para pasar por encima de la autoridad paternal, con la excusa de que era más importante seguir las órdenes del "Señor Jesús".

Eran nuestros "patas del alma". Nos juntaban en grupo en casa de alguno (varias veces las reuniones se hicieron en mi casa, simple y llanamente porque mi vieja prefería estar atenta a lo que pasaba). Hablábamos de cosas generales, contábamos nuestros problemas (a veces la estrategia era hacernos llorar de desesperación y luego salir a nuestro rescate), comíamos algo y luego salíamos en mancha a algún otro lado para hablar más en privado.

Bueno, pero todas éstas estrategias son sólo el comienzo. Cuando pasaron los años y mi "dependencia" a su amistad se volvió incontrolable, terminé haciendo votos para pertenecer oficialmente a su grupo junto con otros dos patas de mi promoción. Todavía era menor de edad y ya me estaban comprometiendo con votos que debería renovar cada año. Si me salía,
como pasó al final, mi destino inminente, según ellos, sería el infierno -sin posibilidad de salvación-, tal como me lo dijeron cuando, al final, estuve luchando por irme de allí.
Y no saben todo lo que me costó salirme luego de que lograran, en varios años de lavado cerebral, que mi mundo estuviera centrado en ellos. Irme significaba que, a mis 19 años, me quedaba sin futuro, sin ideología, sin amigos, sin dios, condenado al infierno, etc. Encima, con la duda de si mis padres iban a aceptarme después de haberme peleado tan fuerte con ellos gracias a esos ideales prestados por mis reclutadores. Una joda para alguien que había vivido de acuerdo a lo que ellos pensaban durante los últimos 6 años, por lo menos.
Luego de toda la estrategia sutil previa a que me mudara a vivir a una de sus comunidades, estuvo el mes de "prueba", en el cual nos ponían en situaciones extremas para ver si éramos capaces de soportar la vida comunitaria.

Empezaré contando una suave.
Una noche me tocaba servir a comida junto a otro de los chicos que estaban en prueba conmigo, Ralph Berninzon. Retiramos los platos del segundo, pero nos olvidamos de
llevarnos la pimienta y el ketchup. Servimos el postre, arroz con leche; y cuando nos sentamos, nuestro "formador", Alfredo Draxl, nos dijo que debimos haber retirado esas dos cosas antes de servir el postre. Así que a mí me ordenó echarle ketchup al arroz con leche. "Échale más", me dijo el cura José Antonio Eguren. Le tuve que echar más. Ralph
tuvo que comerse su postre con pimienta. La verdad que el arroz con leche con ketchup "bien mezclado" (como me ordenó el cura) no sabía tan mal, así que al terminar (en medio de
las risas y miradas del cura, Alfredo y mis otros compañeros) y me preguntaron si me había gustado, no mentí, como buen cristiano. "No estuvo tan mal", dije. Por supuesto que esto fue la excusa para hacer que me sirva 4 porciones más de la misma combinación. A partir de la
tercera estaba por buitrear, a pesar de que el cura me decía cachosamente "todo está en la mente, sigue". Fueron 5 porciones y, luego, mi estómago podrido de asco.

La siguiente semana contaré cómo me hicieron dormir casi un mes en una escalera de mármol,
cómo me pusieron a ayunar y un cura me provocaba con comida, cómo me hicieron empujar mi
cuello contra una cuchilla suiza, cómo nos enseñaban a burlarnos de los complejos de nuestros compañeros hasta que lloraran de desesperación, cómo me hicieron lavar un water
y antes de pasar el sarro me obligaron a lavarme la cara con esa agua. Y eso, sorprendidos lectores es sólo el comienzo.

¡ Para incitar a muchos a apartarse del rebaño, para eso he venido!

Que así sea.

José Enrique Escardó
(Revista GENTE: "El Quinto Pie Del Gato", 2-NOV-2000)